¿Qué es la crisopeya?

La crisopeya, de la voz griega χρυσός “oro” y –ποιΐα, derivada de ποιεῖν que significa “hacer” es, de acuerdo con los alquimistas antiguos, el arte de transmutación de los metales en oro, es decir, el proceso mediante el cual se convertía, transformaba, cambiaba o alteraba cualquier metal (plomo, estaño o cromo, entre otros) en oro.

A menudo se suele confundir a la crisopeya como sinónimo de alquimia; sin embargo, esto dista mucho de ser así, ya que que la alquimia va más allá de la transformación de los metales en otro; en la alquimia existen otros estudios profundamente filosóficos y también aquellos relacionados con la química moderna. La crisopeya, por su parte, es uno de los tantos estudios y procesos de la alquimia.

Recordemos que una de las grandes búsquedas de los alquimistas en la antigüedad era precisamente la transmutación de los metales en oro, para ello era necesario el uso de la piedra filosofal, una piedra mítica con propiedades extraordinarias para cumplir el cometido de la transmutación.

Durante la Edad Media, la alquimia era una práctica con gran renombre y, la búsqueda de la piedra filosofal que para nuestros tiempos es una simple leyenda, era algo serio. De hecho, es gracias a la alquimia que fue posible el surgimiento de la química moderna.

Por ello quizá muchos alquimistas la defendían, mientras que otros negaban la existencia de la crisopeya:

El humanista, político y filósofo del siglo XI, Miguel Psellos (1018 – 1078) cuenta entre una de sus muchas obras con Crisopeya en la que analiza los distintos métodos de la alquimia, pero desde una perspectiva científica y alejada de las creencias mágicas de aquella época.

El médico y químico alemán Andreas Libavius (1550-1616), famoso por su libro Alchemia (1597) considerado el primer libro sistemático de química, era un fuerte defensor de crisopeya, aún cuando se inclinaba más al pensamiento aristotélico que al de Paracelso.

Además de la química, la crisopeya estuvo estrechamente ligada con los estudios del color, de hecho, no es casualidad que los artistas de aquella época y los alquimistas usaran los mismos compuestos, los primeros para lograr pigmentos especiales y los segundos para lograr la transmutación.

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *