El plomo en la alquimia

¿Cuál es la importancia del plomo en la alquimia? A pesar de que el plomo ha sido uno de los metales más conocidos y usados a lo largo de la historia humana, su relación con la alquimia no ha sido del todo amable, al menos no como lo era la relación con el oro, el mercurio o la plata.

Los antiguos alquimistas identificaban a siete metales que, a su vez, estaban relacionados con siete planetas, el plomo era uno de estos metales y se relacionaba con Saturno, por lo cual era representado como un anciano, con una pierna de madera y con una guadaña.

El plomo también era considerado un metal muy pesado y por ello se le relacionaba con la gravedad, con el hombre y con los pecados, en fin, con todo lo terrenal.

Quizá por ello, uno de los principales objetivos de la alquimia era la transmutación del plomo, en oro, metales que ya desde la Edad Media se sabía que tenían una densidad muy similar pero que, al mismo tiempo, podía ser interpretado como ir de lo impuro a lo puro.

Martinus Rulandus, un alquimista del siglo XVI cuya obra más famosa fue la Problemata Chymica (un tratado en el que exponía 91 asuntos para conseguir la piedra filosofal), mencionaba algunas de las características del plomo en la alquimia:

  • Metal impuro e imperfecto creado a partir del mercurio impuro.
  • Falta de pureza, color y fuego.
  • Pesado y con muy poca blancura
  • Puede convertirse en estaño. En este caso, el estaño resultante sería más puro y perfecto que el plomo.
  • Tiene pocas propiedades.
  • Había tres tipos de plomo: 1) el plomo negro o plumbum nigrum, considerado el plomo verdadero y que se obtenía de la pirita, 2) el plomo gris o plumbum cinereum, considerado por Rulandus un metal en sí mismo y más noble que el plomo, y 3) el plomo blanco o plumbus candidum, que tenía gran pureza.

Al ser un metal impuro, representaba la impureza tanto de los metales como de los seres humanos. Por lo anterior, quizá el plomo también era considerado como causa de todas o casi todas las enfermedades de las que se tenía conocimiento en la Edad Media; también era causante de la melancolía.

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