Ikiryō, el fantasma vivo

Ya en entradas anteriores hemos hablado extensamente de los fantasmas: cómo surgen, cómo se manifiestan, qué buscan, cómo luchar contra ellos o ayudarlos, etc.; sin embargo, este tema es tan amplio y variado que es posible encontrar en cada país diferentes tipos de fantasmas con características muy particulares. El día de hoy nos toca hablar del Ikiryō, el fantasma vivo del Japón y que contrasta con el shiryō, es decir, el espíritu de una persona que ya falleció.

De acuerdo con el folklore japonés los Ikiryō, forman parte de los onryō, espíritus vengativos que salen de una persona viva.

A diferencia de los fantasmas vivos que ya mencionamos en el post Fantasmas vivientes y que son apariciones de familiares o amigos vivos que se encuentran lejos, los Ikiryō, por el contrario, son manifestaciones de los pensamientos malvados de una persona que, cuando siente odio o rencor hacia otra, parte de su alma sale de su cuerpo para perseguir de manera obsesiva a su víctima y maldecirla, aunque también se cree que otra manera en que pueden causar dolor es a través de la posesión de la víctima.

Lo interesante de los Ikiryō es que se trata de manifestaciones involuntarias, es decir, el responsable nunca se entera de la existencia de este ser, por lo tanto no lo controla, no puede darle órdenes y tampoco puede hacerlo actuar en su nombre. De hecho, una vez que se ha manifestado el Ikiryō actúa por su cuenta buscando a la persona en la cual recaen los sentimientos de odio, por lo cual las acciones de Ikiryō nunca deparan nada bueno para la víctima.

En la tradición japonesa hay varias referencias hacia estos seres, incluso en las escrituras budistas los encontramos mencionados como espíritus vivientes que pueden maldecir o causar la muerte.

Se cree que también hay otra clase de Ikiryō que no buscan infligir ningún tipo de daño, sino poseer el cuerpo de una persona por amor o capricho. Por último, el Ikiryō también puede ser el alma que ha abandonado el cuerpo de una persona antes de morir para manifestarse entre sus seres queridos, al igual que los fantasmas vivientes de los que ya hablamos con anterioridad.

Un comentario
  1. Sora
    Febrero 1, 2017 | Responder

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