¿Qué son los Juicios de Dios?

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¿Sabías que la frase meter las manos al fuego se origina en la Edad Media durante los juicios y las pruebas para demostrar la inocencia de una persona?

La mayoría de estas pruebas para demostrar la inocencia de un acusado estaban basadas en fuego (recordemos que este elemento siempre ha sido visto con propiedades purificadoras) y eran conocidos como los Juicios de Dios o bien, como Ordalías. Los Juicios de Dios son consideradas el antecedente directo de los Duelos de Honor, pues se dice que era verdaderas batallas entre el acusado y el acusador.

Los primeros vestigios de las Ordalías los encontramos en la Antígona de Sófocles, donde un soldado, para demostrar su inocencia, pide llevar un hierro candente o caminar sobre el fuego. Los hebreos, por su parte, también practicaban estos juicios y creían que Dios intervenía por los inocentes.

Aunque las Ordalías anteceden al cristianismo, es con la llegada de la Edad Media que cobran verdadera fuerza y se convierten en auténticos tormentos que el acusado debía superar sólo para demostrar su inocencia. Si éste lograba salir intacto o, al menos, sobrevivir a la prueba se decía que era porque Dios había intercedido al ser inocente.

Existían dos tipos de ordalías: la canónica o Juicio de Dios propiamente dicho, era el juramento ante el canon, mientras que la vulgar era la prueba a la que se sometía al acusado para demostrar su inocencia frente a las supersticiones de la comunidad.

La Caldaria era una de las tres pruebas que consistía en que el acusado metiera la mano en agua hirviendo; se creía que si el acusado era inocente, Dios lo protegería y no sufriría ninguna quemadura.

Otras pruebas donde intervenía el fuego o, mejor dicho, el calor, era la del hierro candente que el acusado debía tomar y sostener en sus manos durante determinado tiempo, al igual que con la caldaria, si el acusado no resultaba lesionado o lograba sostener el hierro al rojo vivo durante el tiempo requerido, era declarado inocente.

Algunas variantes del hierro candente y el agua, eran metales fundidos o aceite hirviendo, la consigna era la misma que en los casos anteriores y la prueba irrefutable de inocencia era un testigo intacto. Este tipo de pruebas fueron muy comunes entre los siglos X y XII.

Un tipo de Juicio de Dios aplicado comúnmente a las sospechosas de brujería consistía en atar de pies y manos a la acusada para después lanzarla al río, si la acusada flotaba se consideraba culpable pues el agua la estaba rechazando; por el contrario, si se hundía significaba que el agua la estaba recibiendo. Sobra decir que en este juicio muchas acusadas murieron ahogadas mucho antes de poder demostrar su inocencia.

Otro tipo de Ordalía, es el uso del veneno y, como supondrán, consistía en que el acusado debía ingerir algún alimento envenenado, si moría quedaba demostrada su culpabilidad. Este tipo de prueba no fue común en la Europa Medieval; sin embargo la sustituyeron por la prueba del queso y el pan o Prueba de Corsned, donde el acusado debía ingerir estos alimentos, previamente bendecidos, si el acusado era culpable no podría ingerirlos y en caso de hacerlo un fuego interno quemaría sus entrañas.

A partir del siglo XII el Papa Alejandro III prohibió las pruebas con fuego; el Papa Inocencio III también prohibió cualquier tipo de Ordalía durante el Cuarto Concilio Luterano, prohibión que tuvo que renovarse 12 años más tarde durante el Concilio de Tréveris. A pesar de todas estas prohibiciones y la” preocupación” de las autoridades eclesiásticas, los Juicios de Dios fueron ampliamente usados durante toda la Edad Media.

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