¿Qué es la venta de indulgencias y el movimiento de los lolardos?

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¿Sabías que en entre los siglos XIV y XV, en plena Edad Media la Iglesia Católica acostumbraba vender indulgencias a sus feligreses?

Las indulgencias son una forma en que la iglesia otorga la remisión de algunos pecados, es decir, libera de las culpas. No debe confundirse con la penitencia y tampoco debe entenderse como un perdón de los pecados, no es una absolución, pues este sólo puede otorgarlo Dios, sino una liberación de la culpa.

Las indulgencias se remontan al siglo III durante el cristianismo primitivo cuando los pecadores acudían a los confesores apresados que estaban a punto de ser martirizados para que éstos intercedieran ante el Obispo, si el pecador lograba convencer al confesor, éste último entregaba la libellum pacis, es decir, una carta donde pedía al obispo que su martirio sirviera para reducir la pena del pecador.

Más tarde, al inicio de la Edad Media, las indulgencias comenzaron a volverse más comunes y surgen los “penitenciales”, es decir, libros que determinaban la penitencia para cada pecado; sin embargo, los fieles pronto comenzaron a intercambiar las penitencias por dinero y alcanzaban el perdón y la entrada al cielo dependiendo de la rapidez con la que pudieran comprar su indulgencia. Las indulgencias también comenzaron a ser utilizadas para granjearse ciertos permisos, por ejemplo, comer carne durante la cuaresma.

Esto supuso, desde luego, el enriquecimiento de la Iglesia que, aunque utilizaba el dinero obtenido para financiar grandes proyectos a favor de la misma (por ejemplo, la construcción de grandes catedrales como es el caso de la de Notre-Dame en París y la Basílica de San Pedro en Roma) también aseguraba una entrada fija para la Iglesia.

Por aquel entonces, la única forma en que los pobladores podían tener acceso a los escritos bíblicos era a través de la Vulgata, la Biblia en latín vulgar impresa en el 382; sin embargo, a pesar de que la Vulgata pretendía dar acceso a todos a la Biblia a través del latín vulgar, lo cierto es que no todos dominaban la lengua, lo cual se prestaba perfectamente para que la Iglesia interpretara las Sagradas Escrituras a su conveniencia. La venta de indulgencias es pues, uno de tantos ejemplos, de estas interpretaciones.

Alrededor del siglo XIV surgen los Lolardos que, aunque previos al movimiento de Reforma, también criticaron duramente la venta de indulgencias. Fue gracias al teólogo y traductor de la Universidad de Oxford, John Wyclif, que la Biblia se traduce por vez primera al Inglés (1379), lo que permite a su vez que ésta llegue a más personas.
Además de la venta de indulgencias, Wyclif criticaba duramente la transubstanciación de la Eucaristía, es decir, la supuesta transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo y la adoración de figuras que representaran a Santos o a Jesús.

Desde luego, esto no gustó a la Iglesia que, escandalizada ante tales afirmaciones y viendo que peligraban sus ingresos, en el Concilio de Constanza (1415) rápidamente tachó de heréticas las traducciones de la Biblia a cualquier lengua; John Wyclif fue asimismo acusado de hereje y enfrentó varios juicios de los que salió más o menos bien librado y que sólo sirvieron para que el movimiento ganara fuerza en toda Europa.

Aunque no se conoce a ciencia cierta el origen y significado de la palabra lolardo, se esbozan varias tesis; una de ellas asegura que fue gracias a Valter Lollard, un predicador martirizado a mediados del siglo XIV (poco antes de Wyclif); algunos aseguran que lolardo proviene realmente de lolium, utilizado para referirse a cualquier hierba dañina. Por último, hay quienes afirman que lolardo encuentra sus raíces en la palabra lullen que en inglés antiguo significa “cantar”, de ahí lollen, en inglés haría referencia a un “haragán” que alababa a Dios.

Cualquiera que sea el origen de la palabra Lolardo, el movimiento pronto ganó varios adeptos y se convirtió en uno de los movimientos previos a la Reforma Protestante, y por lo mismo fue duramente perseguida por la Iglesia.

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