Propiedades de las hierbas medicinales: raíces de mandragora

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La mandrágora, junto con el muérdago, es quizá la planta mágica más famosa y utilizada de todos los tiempos. La forma de la raíz de esta planta es muy semejante al cuerpo de un humano y quizá se deba a esto que desde siempre se le han atribuido toda clase de propiedades mágicas y afrodisíacas.

Como es de esperar, un sinfín de leyendas se han formulado en torno a esta plata, las más importantes están relacionadas con su origen y con la forma de la raíz.

Se creía que la mandrágora nacía del esperma de los ahorcados de donde es muy probable que se le confieran atributos afrodisiacos. Se creía también que la forma humana de la raíz de la mandrágora era porque en algún momento y con el hechizo indicado se convertían en pequeños hombrecillos reales (lo más cercano al homúnculo tan ansiado por Paracelso), una especie de duende que serviría eternamente al que lo hubiera traído a la vida. Sin embargo, esto no es una tarea sencilla, pues para ello es necesario arrancar la planta hasta dejar expuesta la raíz que, como sistema de defensa gritará hasta matar a quien haya osado arrancarla; el mago que pretendía convertir a la raíz de mandrágora en su hombrecillo sirviente, debía tener muy presente el peligro que corría y la única forma que encontró de hacerlo sin dar a cambio su vida fue a través de un perro a quien se le ataba una soga al cuello y en el otro extremo se ataría a la mandrágora, se supone que el mago llamaba al perro quien acudía al llamado del amo, arrancando así a la planta, desde luego, al acudir al amo, el perro se convertía en la víctima fatal.

La fama de la mandrágora es casi tan antigua como la humanidad misma, ya desde la Grecia clásica la mandrágora era ampliamente utilizada y se le conocía con el nombre de planta de Circe, en honor a la famosa diosa y hechicera del mismo nombre a quien Homero inmortalizara en su famosa Odisea, por esta misma época esta planta era vista como símbolo de prosperidad y buena fortuna.

Los antiguos pobladores de África y también en algunos poblados de Asia se creía que tenía propiedades curativas y por ello la utilizaban para lavarse las manos y los pies, ya fuera como método preventivo, o bien, como curación cuando determinada enfermedad ya había atacado a la persona. No pueden faltar los que la tenían como una forma para atraer el amor: la colocaban debajo de los evangelios después de la misa, y así se creía que atraerían al ser amado. En España los campesinos la utilizaban como protección ante tentaciones del diablo.

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Los judíos creían que con el uso de la raíz de esta planta se aseguraba el embarazo. Aunque quizá la mandrágora no siempre fue vista con buenos ojos, los árabes, por ejemplo, creían que era una planta sumamente peligrosa capaz de matar al que la usara, teoría que coincide con la leyenda de sus gritos mortales; los chinos tampoco la tenían en buena estima, pues aseguraban que causaba locura y, en casos extremos, la muerte.

Sin embargo, todo parecía indicar que sus propiedades mágicas bien valían la pena cualquier riesgo, aunque se pusiera en juego la vida. Su fama parece que llegó a muchos rincones del planeta, pero es quizá la Edad Media el periodo que más se utilizó esta planta, desde luego, fueron los magos, brujas y hechiceros que se atrevían a tener una mandrágora, aún cuando esto les aseguraba la muerte en la hoguera si eran descubiertos.

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