Manticora

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La palabra Mantícora proviene del persa Martya que significa ser mortal. Posteriormente, el Griego adoptaría el término mantikhoras y, finalmente, el Latín adoptaría mantichora; Manticora significa pues el que come o devora gente y era considerada uno de los depredadores más peligrosos de Asia que vivía en las profundidades terrestres. Tenía cuerpo de león, cabeza de humano y cola de dragón, o de escorpión con espinas que eran lanzadas a sus víctimas; además, su boca estaba conformada por tres hileras de dientes como un tiburón.

Como se mencionó en el párrafo anterior, la Manticora es un ser proveniente de la mitología persa que, más tarde, sería adoptada por la mitología griega gracias a Ctesias, un físico griego que vivió durante el reinado de Artaxerxes II en el siglo IV a.C.; más tarde Pausanias afirmó que la figura descrita por Ctesias no era otra cosa que los tigres que vivían en tierras persas; sin embargo, Plinio el viejo no compartía la afirmación de Pausanias y, siguiendo la historia natural de Aristóteles y la incluyó en su Naturalis Historia; este libro, junto con De Natura Animalium (que también incluía a la manticora) de Claudio Eliano, ejercieron gran influencia en los bestiarios ilustrados de la Edad Media.

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En el siglo II d.C se creía, sin embargo, que la manticora no era otra cosa que una especie de tigre que gustaba de comer humanos; por último, en el siglo XVI la manticora comenzó a ser parte de la heráldica, de hecho, el profeta Jeremías la utilizaba como su emblema; es en esta misma época que la manticora comenzó a ser vista como símbolo de maldad y envidia.

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